28 marzo 2008

Clases de gimnasia


Podía pasarse horas (en realidad tardes enteras) dentro de su habitación hablando por teléfono con su nuevo novio francés, Nicolás, mientras bebía un batido de fresa, mordisqueaba un panecillo, se retorcía un mechón de pelo, dibujaba corazones, sonrisas o nubes en una libreta de anillas. En ese momento ella le contaba lo mal que le había salido el examen de matemáticas, le explicaba cuánto odiaba las clases de gimnasia y lo poco que le gustaba tener que ponerse pantaloneta corta y saltar al potro y dar volteretas y correr dos kilómetros en la pista de atletismo y tener que cargar, además, con la raqueta de bádminton por todo el instituto. Le detallaba minuciosamente lo poco que le gustaba su pelo rojo, ondulado, fosco y cuánto le costaba peinarlo cada mañana, lo molesto que era tener que llevar braquets, que a veces le salían llagas en la boca y se le quedaba comida entre los hierros, le decía que su madre le había prohibido entrar en Internet el resto de la semana, que su padre le obligaba a tocar el violín al menos dos horas cada tarde y que su hermano mayor se había propuesto destrozarle la vida humillándola delante de sus amigos. Argumentaba lo infantiles que le parecían las otras chicas de su clase; porque aún llevaban ropa interior con estampado de dibujos animados, porque ni siquiera habían tenido un solo novio en su vida, ¿puedes creerlo? (en este momento alzaba la voz horrorizada y entornaba los ojos). Le comentaba que le impresionaba que tuviese tres años más que ella, que estuviera a punto de sacarse el carnet de conducir, que fumara hierba, que llevara ropa de marca, que levantase pesas y que se le marcaran los bíceps bajo la camiseta.

Aprovechando un silencio, su nuevo novio francés (después de decir varias decenas de veces: ahá, ¿en serio? o uhm) le sugería que iniciase sesión, que conectase la cam, que le enseñase el tirante del sujetador, el encaje de la tela, sólo un poco, que no fuera tonta, que iba a ser divertido. Ella le contestaba con una risa coqueta que no, que no había prestado atención a nada de lo que le había estado contando hasta ahora, que su madre era una verdadera imbécil, que la había castigado sin ordenador para el resto de la semana, que estaba dispuesta a irse de casa y que, aunque se conocían desde hacía tan solo doce días, no se habían visto nunca en persona y les separaban miles de kilómetros, sería capaz de dejarlo todo por él si se lo pedía (o si al menos lo sugería) antes de suplicarle por favor, por favor, que colgara el teléfono más rápido que ella.

3 comentarios:

El Agente Naranja dijo...

Genial sin más...

Patricia dijo...

Nacho! Qué alegría verte por aquí...
:)

Lelaulau dijo...

espero que elegiste un frances por casualidad, que hubiera sido ser ruso, chino o bulgaro !!!!
Porque no, todos los franceses no son perversos !!! jajajaja

Creo que te gusta hacer listas de cosas en tus naraciones. Listas de situaciones o cosas tan sorprendentes y original que a pracer a leerla !!
Debe ser tu estilo jeje :)

un beso !